miércoles, 21 de septiembre de 2011

CINCUENTA Y TRES

1º de ESO:

Yo, caminando entre las mesas, me detengo al lado de J., a quien acabo de conocer (como a los demás) y del que me llama mucho la atención su letra:

- J., esa letra... No se entiende. Eso no puede ser, hay que mejorarlo...

Y J., que tiene once años y es simpático, listo, espabilado... deja de escribir y, suspirando, dice lo siguiente:

- Ya lo sé, profe... Pero es que llevo toda mi vida escribiendo así de mal...
- (...)

Después de hacerle ver que lleva menos años escribiendo que sin escribir, que está empezando a todo y, en definitiva, un diálogo asombroso acerca de la esperanza de vida de un hombre, los problemas de la resignación y las posibilidades y probabilidades de mejorar la caligrafía a lo largo de toda una vida... al alejarme, mientras me reía bajito, oigo que dice a mi espalda:

- Entonces, profe, ¿crees que a mi edad esto tiene solución?

2 comentarios:

  1. La gente no se lo creerá, pero así es.

    También, cuando un tío de sesenta años dice que ya no tiene edad para reciclarse se equivoca. Qué brutos somos, en eso nos renovamos a diario.

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  2. Esa risa bajita es el regalo de los años

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